Cuando una vivienda tiene radiadores convencionales y se plantea sustituir la caldera, la gran duda suele ser si una bomba de calor podrá mantener el mismo confort sin obligar a realizar una reforma completa. La aerotermia de alta temperatura está pensada precisamente para esos casos, aunque su conveniencia depende de la temperatura que necesite la instalación, del aislamiento y del clima de la zona. En este artículo explico cómo funciona, qué rendimiento ofrece, cuánto puede costar y qué revisaría antes de elegir un equipo.
Lo que importa antes de comprar una bomba de calor de alta temperatura
- Puede alcanzar entre 65 y 75 °C de impulsión en muchos equipos específicos, e incluso más en soluciones concretas.
- Los radiadores existentes no siempre deben cambiarse, pero hay que comprobar la potencia que entregan a menor temperatura.
- El rendimiento baja cuando aumenta la temperatura del agua, por lo que trabajar a 70 °C de forma continua encarece el consumo.
- El aislamiento y el dimensionado influyen tanto como la marca de la bomba de calor.
- En España, una instalación completa puede moverse aproximadamente entre 8.000 y 18.000 euros, según la vivienda y las adaptaciones necesarias.

Qué significa trabajar con aerotermia de alta temperatura
Una bomba de calor aire-agua extrae energía del aire exterior y la transfiere al agua que circula por los radiadores, el suelo radiante o los fancoils. No quema combustible para producir calor, sino que utiliza un compresor y un refrigerante para elevar la temperatura disponible. La parte importante para el usuario es la temperatura de impulsión, es decir, los grados a los que el agua sale hacia los emisores.
Los sistemas pensados para suelo radiante suelen trabajar aproximadamente entre 30 y 45 °C. En cambio, una vivienda con radiadores antiguos puede necesitar entre 55 y 75 °C en los días más fríos. Los equipos de alta temperatura incorporan compresores, refrigerantes y configuraciones hidráulicas capaces de alcanzar esos valores, aunque eso no significa que deban trabajar siempre al máximo.
Algunos modelos domésticos llegan a unos 70 o 75 °C sin apoyo eléctrico en determinadas condiciones. También existen soluciones de doble etapa que pueden acercarse a 80 °C. La cifra máxima del catálogo, sin embargo, no es el dato que yo utilizaría para decidir una compra. Me fijaría en la temperatura que puede mantener el equipo con frío exterior, la potencia disponible y el rendimiento declarado en esas condiciones.
La razón es sencilla. Cuanto mayor es la diferencia entre el aire exterior y el agua caliente que debe producir la máquina, más esfuerzo realiza el compresor. Por eso, el COP y el SCOP disminuyen al elevar la impulsión. El COP mide el rendimiento en un momento concreto, mientras que el SCOP refleja el comportamiento medio durante una temporada.
¿Se pueden conservar los radiadores antiguos?
En muchos casos sí, pero no conviene responder con un sí automático. Un radiador diseñado para una caldera que enviaba agua a 75 o 80 °C puede emitir bastante menos calor cuando recibe agua a 50 o 55 °C. La vivienda seguirá teniendo los mismos elementos, pero la potencia útil de cada radiador cambiará.
Yo empezaría por una comprobación estancia por estancia. Hay que calcular la demanda térmica de cada habitación, revisar el tamaño y el tipo de radiador, comprobar el caudal y analizar las pérdidas por ventanas, fachadas, cubierta y ventilación. Una cámara termográfica durante el funcionamiento puede revelar zonas mal equilibradas, radiadores con poco caudal o pérdidas que no se aprecian a simple vista.
| Situación de la vivienda | Temperatura habitual de impulsión | Solución más razonable |
|---|---|---|
| Casa bien aislada con radiadores grandes | 45-55 °C | Bomba de calor estándar o de temperatura media |
| Radiadores convencionales correctamente dimensionados | 55-65 °C | Equipo con capacidad para trabajar a temperatura elevada |
| Vivienda antigua con grandes pérdidas | 65-75 °C | Mejorar aislamiento, ampliar emisores o valorar sistema híbrido |
| Radiadores insuficientes en varias habitaciones | Más de 60 °C de forma continua | Cambiar algunos radiadores por modelos de baja temperatura o aumentar superficie |
Muchas veces no es necesario sustituir todos los radiadores. Puede bastar con ampliar los del salón, dormitorios exteriores y zonas con más pérdidas. Los radiadores de baja temperatura incorporan más superficie de intercambio y, en algunos casos, ventiladores pequeños para mover más aire, de modo que entregan más calor con agua menos caliente.
También influye el material. Los radiadores de hierro fundido tienen mucha inercia y tardan más en calentarse, pero mantienen el calor durante más tiempo. Los de aluminio reaccionan con rapidez y pueden funcionar bien si tienen suficientes elementos. Ninguno de los dos tipos garantiza por sí solo la compatibilidad. El cálculo de potencia es lo que decide.
Qué consumo y rendimiento puedes esperar
Una bomba de calor puede entregar varias unidades de calor por cada unidad eléctrica consumida. En condiciones favorables, un COP de 3 o 4 significa que 1 kWh eléctrico produce aproximadamente 3 o 4 kWh térmicos. En alta temperatura y con bajas temperaturas exteriores, el valor puede ser sensiblemente menor.
Por ejemplo, si una vivienda necesita 12 kWh de calor y la máquina trabaja con un COP de 3, consumirá unos 4 kWh eléctricos. Si para conseguir esa misma calefacción se le exige una impulsión muy alta y el COP baja a 2, el consumo subirá hasta unos 6 kWh. Es un ejemplo orientativo, pero muestra por qué la temperatura del agua influye directamente en la factura.
No me parece realista prometer un porcentaje de ahorro igual para todas las casas. Una vivienda bien aislada en la costa, con radiadores capaces de trabajar a 50 °C, parte de una situación muy distinta a la de una casa sin aislamiento en una zona fría de Castilla y León. También cuentan el precio de la electricidad, el uso de la calefacción, la tarifa contratada y si existe autoconsumo fotovoltaico.
La regulación mediante curva climática suele marcar una diferencia importante. Esta función adapta automáticamente la temperatura de impulsión a la temperatura exterior. En lugar de enviar siempre agua a 70 °C, la instalación puede trabajar a 45 o 50 °C durante buena parte del invierno y subir solo cuando realmente hace falta.
El agua caliente sanitaria añade otra exigencia. El acumulador necesita alcanzar temperaturas superiores a las habituales de calefacción y puede activar un ciclo de desinfección o una resistencia de apoyo según la configuración. Por eso conviene separar en el presupuesto el rendimiento de la calefacción y el de la producción de ACS, ya que no son exactamente el mismo escenario.
Cómo elegir y dimensionar el equipo
El primer error consiste en elegir la potencia por los metros cuadrados. Dos viviendas de 120 m² pueden necesitar máquinas muy distintas si una tiene buen aislamiento, ventanas nuevas y orientación favorable, mientras que la otra presenta infiltraciones y cerramientos antiguos. La potencia debe salir de una estimación de carga térmica, no de una regla rápida.
Lee también: Aerotermia y suelo radiante - ¿Cuánto consume realmente?
La revisión que debería incluir cualquier presupuesto
- Demanda térmica. Se calcula la potencia necesaria en las condiciones de diseño de la zona climática.
- Temperatura de impulsión. Se determina qué temperatura necesita cada circuito para mantener el confort.
- Emisores. Se comprueba si los radiadores actuales entregan suficiente potencia o si conviene ampliar algunos.
- Agua caliente sanitaria. Se define el volumen del acumulador según el número de personas y los hábitos de consumo.
- Instalación eléctrica e hidráulica. Se revisan la potencia disponible, las protecciones, el espacio, el desagüe y el recorrido de tuberías.
- Ruido y ubicación. La unidad exterior necesita ventilación y debe colocarse sin molestar a dormitorios, vecinos o zonas de paso.
Una máquina sobredimensionada tampoco es una buena noticia. Puede arrancar y detenerse con demasiada frecuencia, reducir su eficiencia y desgastar antes el compresor. En mi opinión, es preferible un equipo correctamente calculado, con apoyo puntual para los picos extremos, que una unidad enorme funcionando de forma irregular durante todo el año.
En zonas muy frías o en viviendas con radiadores que exigen 75 °C, puede tener sentido un sistema híbrido. La bomba de calor cubre la mayor parte de la temporada y una caldera existente o un apoyo eléctrico entra solo en momentos concretos. No es la solución más limpia desde el punto de vista energético, pero a veces evita una reforma desproporcionada.
Cuánto cuesta y cuándo compensa
En España, una instalación de aerotermia para calefacción y ACS en una vivienda de 80 a 100 m² puede situarse aproximadamente entre 8.000 y 16.000 euros cuando se aprovechan radiadores y la instalación hidráulica está en buen estado. Son cifras orientativas de mercado para 2026, no una tarifa cerrada.
| Tipo de actuación | Rango orientativo | Qué puede encarecerla |
|---|---|---|
| Equipo, ACS y conexión a radiadores aprovechables | 8.000-16.000 € | Potencia elevada, acumulador grande o cambios eléctricos |
| Equipo con sustitución parcial de radiadores | 10.000-18.000 € | Número de emisores, obras y equilibrado hidráulico |
| Reforma amplia con suelo radiante nuevo | 15.000-25.000 € o más | Levantamiento de pavimentos y acabados posteriores |
El precio inicial suele ser superior al de sustituir una caldera por otra. A cambio, el mismo sistema puede ofrecer calefacción, refrigeración y ACS, además de aprovechar electricidad procedente de placas solares. La comparación correcta no es solo cuánto cuesta instalarlo, sino cuánto costará usar y mantener cada solución durante 10 o 15 años.
Para que compense, yo pediría al menos tres presupuestos con las mismas partidas. Deben indicar la potencia de la máquina, la temperatura de impulsión utilizada en el cálculo, el volumen del depósito, los trabajos eléctricos, la puesta en marcha y la legalización. Si el instalador solo escribe “aerotermia de alta temperatura” y un precio final, falta demasiada información para comparar.
La rentabilidad mejora cuando se sustituye gasóleo, propano o resistencias eléctricas de alto consumo. Puede ser más ajustada cuando se reemplaza una caldera de gas eficiente que todavía funciona bien, especialmente si la vivienda necesita agua a 70 °C durante muchas horas. En ese escenario, quizá sea más sensato empezar por aislar, equilibrar y ampliar los radiadores más pequeños.
Errores habituales que reducen el ahorro
El primero es pensar que una máquina capaz de alcanzar 75 °C debe funcionar siempre a esa temperatura. Esa estrategia resuelve el problema de la potencia inmediata, pero suele penalizar el consumo. La alta temperatura debería reservarse para los momentos necesarios, mientras el sistema trabaja al nivel más bajo que mantenga el confort.
Otro fallo es conservar los radiadores sin comprobarlos. Que estén calientes al tacto no significa que entreguen suficiente potencia. Una habitación puede alcanzar la temperatura deseada después de muchas horas, pero con un consumo elevado y poca capacidad de recuperación.
También se subestima el aislamiento. Sellar infiltraciones, mejorar cajones de persiana y actuar sobre cubierta o fachada puede permitir bajar varios grados la impulsión necesaria. A veces una mejora constructiva relativamente sencilla tiene más efecto que instalar una bomba de calor de mayor potencia.
- Comparar solo marcas y no las condiciones de ensayo.
- Aceptar un presupuesto sin cálculo de cargas térmicas.
- Ignorar el consumo de la resistencia eléctrica de apoyo.
- Colocar la unidad exterior en un espacio mal ventilado.
- No revisar el equilibrado hidráulico de los radiadores.
- Suponer que las ayudas públicas están garantizadas o ya descontadas.
La instalación también necesita mantenimiento. Conviene revisar filtros, presiones, vaso de expansión, desagüe de condensados, acumulador y configuración de la curva climática. Un sistema bien instalado puede perder parte de su ventaja si trabaja con caudales incorrectos o con temperaturas más altas de las necesarias.
La prueba que haría antes de firmar el presupuesto
Antes de comprar, pediría al instalador una simulación clara con tres escenarios de impulsión, por ejemplo 50, 60 y 70 °C. Así se puede ver qué potencia entrega la máquina, cuál es su rendimiento y cuánta ayuda eléctrica necesita en cada caso.
También comprobaría qué ocurre en el día más frío previsto para la zona, no solo en una temperatura exterior moderada. La pregunta decisiva no es “¿llega a 75 °C?”, sino “¿mantendrá la vivienda confortable cuando haga frío y con qué consumo?”.
Si los radiadores funcionan con 50 o 55 °C, la instalación parte con buenas condiciones. Si necesita 70 °C de manera continua, la solución puede seguir siendo viable, pero habrá que aceptar un rendimiento menor, mejorar emisores o estudiar un sistema híbrido. Esa diferencia es la que separa una inversión bien planteada de una factura decepcionante.