Lo esencial para decidir entre ambos sistemas
- La aerotermia suele ganar cuando la vivienda trabaja a baja temperatura, tiene buen aislamiento y se piensa a medio o largo plazo.
- El gas natural sigue teniendo sentido si buscas menor inversión inicial y ya existe la instalación preparada.
- El coste real depende más de la temperatura de impulsión, el SPF y la demanda de calor que del precio de compra del equipo.
- En España, 2026 sigue favoreciendo la electrificación eficiente, pero no todas las viviendas están listas para dar el salto.
- Si la reforma incluye suelo radiante, autoconsumo fotovoltaico o una mejora seria de envolvente, la bomba de calor gana muchos puntos.

Cómo funcionan ambos sistemas y por qué no compiten en igualdad
La primera diferencia importante es conceptual. La aerotermia, cuando hablamos de calefacción doméstica, suele ser una bomba de calor aire-agua: extrae energía del aire exterior y la transfiere al circuito de agua de la vivienda. No “crea” calor por combustión, lo mueve. Por eso un kWh eléctrico puede convertirse en varios kWh útiles si el sistema está bien dimensionado y trabaja a temperaturas razonables.
El gas natural funciona de otra manera: quema combustible en una caldera y genera calor directamente. Las calderas de condensación aprovechan mejor los humos y pueden rendir muy bien, pero siguen dependiendo de un combustible fósil. Aquí el detalle técnico que conviene recordar es simple: el COP mide la eficiencia instantánea en condiciones de ensayo, mientras que el SPF refleja el comportamiento medio a lo largo de la temporada, que es lo que de verdad importa en una vivienda.| Criterio | Aerotermia | Gas natural |
|---|---|---|
| Fuente principal | Aire exterior y electricidad | Combustión de gas |
| Eficiencia típica | SPF habitualmente superior a 3 en equipos bien ajustados; el IDAE toma 2,5 como umbral mínimo de referencia renovable | Una caldera de condensación bien trabajada suele moverse por encima del 90% y mejora cuando trabaja a baja temperatura |
| Emisiones directas | No tiene emisiones en el punto de uso | Sí emite CO2 y otros gases de combustión |
| Refrigeración en verano | Sí, si la instalación lo permite | No |
| Temperatura ideal de trabajo | Baja o media, con suelo radiante o emisores amplios | Puede trabajar a temperaturas más altas sin tanta penalización |
| Encaje típico | Obra nueva, reforma integral, viviendas eficientes | Sustitución rápida, presupuestos ajustados, viviendas ya conectadas a gas |
La frase que yo me quedo para no perderme es esta: la aerotermia desplaza calor; el gas lo fabrica quemando combustible. Esa diferencia lo cambia todo cuando miras la factura, el mantenimiento y el encaje con el sistema de emisores. Y precisamente por eso no conviene comparar solo máquinas, sino el conjunto de la instalación. El siguiente paso lógico es hablar de dinero, porque ahí aparecen muchas sorpresas.
Lo que cuesta instalar uno u otro en una vivienda española
Aquí es donde más gente se equivoca: compara el precio del equipo, cuando en realidad debería comparar el precio del sistema completo. Una aerotermia puede parecer cara en el presupuesto inicial, pero si ya existe una vivienda bien preparada, con emisores de baja temperatura y depósito de ACS, el coste se vuelve más razonable. En cambio, una caldera de gas parece barata hasta que añades acometida, evacuación de humos o pequeñas adaptaciones que no estaban en el primer cálculo.
| Partida | Aerotermia | Gas natural |
|---|---|---|
| Sustitución directa | Entre 8.000 y 18.000 € en una vivienda unifamiliar estándar | Entre 2.000 y 5.000 € si ya existe la instalación y solo cambias la caldera |
| Reforma de emisores | Puede subir a 12.000-25.000 € o más si hay que adaptar radiadores, añadir depósito o cambiar hidráulica | Normalmente no hace falta, salvo ajustes puntuales |
| Costes ocultos habituales | Depósito de ACS, módulo hidráulico, posible refuerzo eléctrico, equilibrado de la instalación | Salida de humos, revisión de combustión, posible alta o adecuación de acometida |
La diferencia no está solo en el ticket de compra. Si la vivienda necesita pasar de radiadores antiguos a un sistema de baja temperatura, la aerotermia deja de competir con una caldera y pasa a competir con una reforma más amplia. En ese caso, la decisión ya no es “qué máquina es más barata”, sino “qué nivel de intervención estoy dispuesto a asumir”. Yo suelo decirlo así porque aclara bastante el panorama.
En amortización, una horquilla prudente para la aerotermia suele moverse entre 5 y 12 años, pero depende muchísimo de la demanda real, de si hay ayudas y de la temperatura a la que trabaja la instalación. Si la casa está bien aislada y la impulsión se mantiene baja, el retorno mejora mucho. Si la vivienda pide agua a 60 o 65 °C todo el invierno, la ventaja económica se reduce. Con esto ya podemos pasar a la factura mensual, que es donde la teoría se convierte en números de verdad.
La factura mensual cambia más por la vivienda que por la etiqueta del equipo
Yo miro siempre la energía útil que necesita la casa. A partir de ahí, la cuenta es sencilla: en aerotermia divides esa demanda por el SPF; en gas la divides por el rendimiento de la caldera. Por eso una vivienda con mucha demanda y buena temperatura de trabajo saca más partido a la bomba de calor, mientras que una casa pequeña o muy mal aislada estrecha mucho la diferencia.
| Demanda útil anual | Aerotermia con SPF 3,5 | Gas natural con 92% de rendimiento |
|---|---|---|
| 8.000 kWh | 2.286 kWh eléctricos | 8.696 kWh de gas |
| 12.000 kWh | 3.429 kWh eléctricos | 13.043 kWh de gas |
| 16.000 kWh | 4.571 kWh eléctricos | 17.391 kWh de gas |
Si traduzco esa tabla a una referencia de mercado razonable, con electricidad doméstica en torno a 0,22-0,30 €/kWh y gas entre 0,08-0,12 €/kWh, una vivienda de 12.000 kWh útiles puede moverse aproximadamente entre 750 y 1.030 € al año con aerotermia y entre 1.040 y 1.560 € con gas. No lo tomaría como promesa, sino como escala orientativa. La cifra real cambia con la tarifa, el clima, el aislamiento y los hábitos de uso.
Hay otro matiz importante: el gas no solo paga combustible. La CNMC ha aprobado para el año de gas 2026 un aumento medio del 11,2 % en los peajes, y además recuerda que en mercado libre el precio se pacta con la comercializadora mientras que en TUR se revisa trimestralmente. Eso no elimina al gas de la ecuación, pero sí le quita la falsa sensación de estabilidad. Si a eso le sumas una bomba de calor bien diseñada y, mejor aún, algo de fotovoltaica, la comparación cambia bastante.
También hay un efecto que se nota mucho en viviendas reales: cuando la aerotermia trabaja con suelo radiante o con fan coils, la cuenta mejora; cuando la obligas a pelear con radiadores antiguos y agua muy caliente, el ahorro se estrecha. Ese detalle técnico suele pesar más que el discurso comercial, y por eso merece una sección aparte sobre confort y mantenimiento.Confort, mantenimiento y vida útil en la práctica
La aerotermia no es “mantenimiento cero”; simplemente cambia el tipo de mantenimiento. No hay combustión, no hay llama ni chimenea como en una caldera de gas, pero sí hay una unidad exterior, un circuito frigorífico y una hidráulica que conviene revisar. En la práctica, eso significa limpiar filtros, vigilar la unidad exterior, comprobar el equilibrio hidráulico y asegurarse de que el sistema no esté trabajando forzado.
- Aerotermia: menos piezas ligadas al desgaste de la combustión, pero más sensibilidad al diseño de la instalación y a la ubicación de la unidad exterior.
- Gas natural: necesita control de combustión, quemador, evacuación de humos y una atención más clara a la seguridad del sistema.
- Vida útil orientativa: una bomba de calor bien instalada puede moverse en 15-20 años, mientras que una caldera de gas suele estar en la franja de 12-15 años.
En confort, la diferencia también se nota. La aerotermia ofrece un calor más estable y, si la instalación está bien resuelta, suele mantener mejor la temperatura sin tantos arranques y paradas. El gas responde con más inmediatez y eso a algunos usuarios les gusta, sobre todo en viviendas que se ocupan por tramos cortos. La contrapartida es clara: el sistema de gas depende de una combustión continua y de una red de suministro fósil.
Yo vigilaría especialmente dos cosas antes de decidir: el ruido y el espacio. La unidad exterior de una aerotermia exige una ubicación sensata y una mínima atención acústica, mientras que la caldera de gas necesita una salida de humos bien resuelta y, en muchos casos, más dependencia de la sala técnica o del armario donde se instala. Con esto encima de la mesa, la pregunta natural es qué encaja mejor según el tipo de vivienda.
Cuándo gana cada opción según el tipo de vivienda
No todas las casas piden la misma solución. Aquí es donde una respuesta honesta vale más que una recomendación rotunda. Yo separo los casos en función de la obra disponible, del tipo de emisores y de la temperatura a la que la vivienda puede trabajar sin sufrir.
| Situación | Lo que yo priorizaría | Por qué |
|---|---|---|
| Obra nueva o reforma integral | Aerotermia | Encaja muy bien con suelo radiante, emisores de baja temperatura y control zonal |
| Vivienda ya conectada a gas y sin ganas de obra | Gas natural o sistema híbrido | Menor inversión inicial y sustitución más rápida |
| Casa bien aislada con fotovoltaica | Aerotermia | El autoconsumo reduce el coste eléctrico y mejora la lógica económica del sistema |
| Piso antiguo con radiadores de alta temperatura | Revisar primero la envolvente y, si no hay reforma, mantener gas o estudiar híbrido | Forzar una bomba de calor sin bajar la temperatura de impulsión puede salir caro y rendir peor |
| Uso intermitente o segunda residencia | Depende del patrón de uso | La aerotermia aprovecha mejor un uso estable; el gas responde más rápido en arrancadas puntuales |
Si yo tuviera que resumirlo en una sola idea, diría esto: la aerotermia gana cuando la casa está preparada para trabajar a baja temperatura. Si no lo está, antes de cambiar de generador conviene reducir demanda, mejorar aislamiento o, al menos, no prometerle a la bomba de calor algo que la vivienda no puede darle. En algunos casos, una solución híbrida funciona mejor que un salto brusco y caro.
Ese enfoque práctico encaja mejor con una rehabilitación seria que con una sustitución improvisada. Y además conecta con el contexto regulatorio y energético que está empujando el mercado en 2026, que es el último ángulo que merece la pena poner sobre la mesa.
Lo que 2026 está empujando y por qué importa
La discusión ya no es solo técnica; también es estratégica. El gas natural tiene emisiones directas en el punto de uso, mientras que la aerotermia no las tiene y depende de una electricidad que en España sigue incorporando más renovables cada año. Eso no convierte automáticamente a cualquier bomba de calor en la mejor opción, pero sí refuerza su papel en viviendas que pueden electrificarse con sentido.
Además, el mercado va en una dirección bastante clara. La CNMC prevé para el año de gas 2026 una caída de la demanda del 3,2 %, en parte porque cada vez pesa más la generación renovable y menos el consumo fósil. Cuando una tecnología necesita red, peajes y combustible importado, su recorrido futuro es menos previsible que el de un sistema que se apoya en electrificación eficiente y, si se quiere, en autoconsumo.
En paralelo, la propia lógica de rehabilitación energética que empuja el sector en España favorece las bombas de calor cuando la vivienda puede acompañarlas con aislamiento, control y emisores adecuados. No es una cuestión ideológica; es una cuestión de encaje físico y económico. Y aquí, precisamente, es donde yo cerraría la decisión con tres filtros muy simples.
Los tres filtros que usaría antes de cambiar de sistema
- Temperatura de trabajo: si tu vivienda puede calefactarse con 35-45 °C, la aerotermia tiene muchas papeletas para salir mejor parada.
- Aislamiento y emisores: si la casa pierde mucho calor o depende de radiadores que exigen agua muy caliente, primero arreglaría eso; después elegiría generador.
- Horizonte de uso: si piensas quedarte muchos años, la inversión de la bomba de calor se amortiza mejor; si necesitas una solución rápida y barata hoy, el gas sigue siendo un puente razonable.