La temperatura ideal del aire acondicionado en verano y cómo ahorrar

Mano ajustando el control remoto del aire acondicionado a 25°C, la temperatura ideal para el verano.

Escrito por

Gael Delrío

Publicado el

2 oct 2026

Índice

Cuando llegas a casa con 35 ºC en la calle, bajar el mando a 18 ºC puede parecer la forma más rápida de recuperar el confort. En realidad, una temperatura estable de 24 a 26 ºC suele ofrecer mejor equilibrio entre bienestar, consumo y salud. Aquí explico cómo ajustar el aire acondicionado en verano, qué papel juega la humedad y qué errores encarecen la factura.

La mejor configuración combina confort estable y consumo moderado

  • 24-26 ºC es el rango más práctico para la mayoría de las viviendas.
  • 26 ºC suele ser un buen punto de partida para ahorrar sin pasar calor.
  • La diferencia con el exterior debería mantenerse, como orientación, en 10-12 ºC.
  • Una humedad relativa de 45-60 % mejora la sensación térmica.
  • Bajar el termostato a 18-20 ºC no enfría más rápido la habitación.

La temperatura ideal del aire acondicionado en verano está entre 24 y 26 ºC

Para una vivienda en España, yo empezaría con una consigna de 26 ºC y la ajustaría a 25 o 24 ºC solo si la estancia sigue resultando incómoda. La clave no es crear un ambiente frío, sino mantener una temperatura interior estable mientras el equipo trabaja sin esfuerzo innecesario.

El IDAE recoge para espacios climatizados de actividad sedentaria un rango de bienestar de 23 a 25 ºC, con una humedad relativa aproximada del 45 al 60 %. En casa, donde solemos llevar ropa ligera y podemos adaptar la ventilación, una consigna de 24-26 ºC suele ser más razonable que intentar reproducir una oficina o un comercio.

Situación Temperatura orientativa Por qué puede funcionar
Uso general durante el día 25-26 ºC Equilibra confort y consumo.
Mucho calor o humedad 24-25 ºC Ayuda a controlar la sensación pegajosa.
Dormitorio por la noche 25-27 ºC Reduce el riesgo de frío directo y sequedad.
Personas mayores o sensibles al calor 24-26 ºC Permite priorizar el bienestar sin cambios bruscos.

Estos valores son una referencia, no una obligación idéntica para todos. Una habitación orientada al sur, con grandes ventanales y poco aislamiento, puede necesitar 24 ºC, mientras que otra protegida por persianas y árboles puede mantenerse confortable a 26 ºC.

Por qué ponerlo a 18 ºC no enfría la casa antes

El termostato indica la temperatura que quieres alcanzar, no la velocidad con la que el aparato puede enfriar. Si la estancia está a 30 ºC y seleccionas 18 ºC, el equipo intentará seguir funcionando hasta llegar a ese valor, pero no producirá frío instantáneo.

El problema es que una consigna demasiado baja alarga el funcionamiento del compresor, aumenta el consumo y puede generar una diferencia excesiva entre el interior y la calle. Como orientación general, cada grado que se reduce la temperatura puede elevar el consumo de refrigeración aproximadamente un 6-8 %, aunque el resultado depende del aislamiento, la humedad, el equipo y las horas de uso.

Yo prefiero enfriar de forma progresiva. Enciendo el aparato a 25 o 26 ºC, mantengo las persianas cerradas y dejo que estabilice la estancia durante unos minutos. Si todavía hace calor, bajo un grado. Este método suele ser más eficaz que cambiar continuamente entre 18 y 26 ºC.

También conviene evitar una diferencia extrema con el exterior. Si fuera hay 38 ºC, mantener el interior en torno a 26 ºC supone una diferencia de 12 grados, una referencia práctica que reduce el esfuerzo del equipo y hace más cómoda la transición al salir.

Cómo ajustar el aire acondicionado según la hora y la habitación

La misma temperatura no funciona igual en todas las estancias. El salón puede tener más carga térmica por la televisión, la cocina y varias personas, mientras que un dormitorio vacío durante el día puede conservar mejor el frescor. Por eso recomiendo adaptar la configuración al uso real y no a una cifra fija para toda la vivienda.

Durante las horas de más calor

Entre el mediodía y la tarde, una consigna de 24-26 ºC suele ser suficiente si se combinan persianas, ventanas cerradas y puertas interiores controladas. No dirijas el chorro directamente al sofá o a la cama. Es mejor orientar las lamas hacia arriba para que el aire frío se distribuya antes de descender.

Por la noche

Para dormir, muchas personas están cómodas a 25 o 26 ºC, especialmente si el ventilador funciona a velocidad baja. El modo noche puede reducir gradualmente la potencia o modificar la temperatura, pero conviene comprobar el manual porque cada fabricante lo programa de forma distinta.

Si la noche exterior es fresca y seca, abrir las ventanas durante un rato antes de acostarse puede ser suficiente. En zonas costeras o húmedas, esta estrategia no siempre funciona: entra aire cargado de humedad y la sensación térmica puede empeorar aunque la temperatura no sea muy alta.

Lee también: Instalar aire acondicionado - ¿Qué carné necesitas en España?

En espacios pequeños

En un dormitorio o despacho, cerrar la puerta permite que el equipo trabaje sobre un volumen menor. Aun así, no conviene bloquear las rejillas ni colocar muebles delante de la unidad interior. Un flujo de aire deficiente puede hacer que el aparato tarde más en estabilizar la temperatura y consuma más.

La humedad puede importar tanto como los grados

En Valencia, Barcelona, Málaga o cualquier zona costera, el calor húmedo se percibe de otra manera. El aire acondicionado no solo baja la temperatura, también extrae parte del vapor de agua mediante la condensación. Por eso una habitación a 26 ºC con humedad controlada puede resultar más confortable que otra a 24 ºC y con el ambiente cargado.

El rango de referencia más habitual se sitúa entre 45 y 60 % de humedad relativa. Por debajo de esos valores pueden aparecer sequedad en ojos, garganta o piel; por encima, aumentan la sensación de bochorno y el riesgo de condensaciones en superficies frías.

El modo “dry” o deshumidificación puede ayudar en días húmedos, pero no debe utilizarse como sustituto universal de la refrigeración. Normalmente extrae humedad con una capacidad limitada para bajar la temperatura. Si la estancia está realmente caliente, el modo frío suele ser más adecuado.

Un higrómetro doméstico económico ayuda a dejar de adivinar. Cuando el ambiente sigue resultando incómodo a 25 o 26 ºC, medir la humedad permite saber si el problema está en los grados o en el exceso de vapor de agua.

Hábitos que reducen el consumo sin renunciar al confort

La temperatura seleccionada importa, pero la vivienda también determina cuánto tendrá que trabajar el equipo. En mi experiencia, cerrar el paso del sol y mejorar la circulación del aire suele aportar más que perseguir un grado adicional en el mando.

  • Baja las persianas en las fachadas expuestas al sol, sobre todo entre las 12 y las 18 horas.
  • Ventila de noche o a primera hora si el aire exterior es más fresco y seco que el interior.
  • Limpia los filtros cada dos o cuatro semanas durante los periodos de uso intenso.
  • Mantén libre la unidad exterior y elimina hojas, polvo u objetos que dificulten la expulsión del calor.
  • Usa un ventilador junto con el aire acondicionado para mejorar la sensación térmica y permitir una consigna algo más alta.
  • Programa el apagado cuando la habitación vaya a quedar vacía durante varias horas.

El ventilador no reduce la temperatura real del aire, pero mueve el aire sobre la piel y mejora la evaporación del sudor. En días secos y de calor moderado, combinarlo con una consigna de 26 ºC puede ser una solución muy eficiente.

Tampoco conviene apagar y encender el aparato cada pocos minutos. Si vas a ausentarte poco tiempo, mantener una temperatura moderada puede ser más estable que dejar que la vivienda se caliente por completo y volver a enfriarla desde cero. Para ausencias largas, apagarlo sí tiene sentido.

Errores frecuentes que hacen trabajar de más al equipo

El error más común es pensar que una temperatura muy baja equivale a mayor potencia. La potencia depende del equipo y de su capacidad frigorífica, mientras que la cifra del mando solo marca el objetivo. Seleccionar 18 ºC puede aumentar el consumo sin resolver antes el problema.

Otro fallo habitual es dejar puertas y ventanas abiertas mientras el aire está encendido. El aparato intenta compensar continuamente el aire caliente y húmedo que entra, por lo que pierde eficiencia y tarda más en estabilizar la habitación.

También se subestima el mantenimiento. Un filtro sucio reduce el caudal de aire, empeora la calidad del ambiente y puede provocar malos olores. Si el equipo gotea, hace ruidos nuevos o enfría mucho menos que antes, no conviene solucionarlo bajando el termostato: hace falta revisar la instalación.

Por último, no hay que confundir el rango de confort del RITE con una instrucción exacta para cada hogar. Sus valores están pensados para determinadas condiciones de actividad, ropa y humedad. En una vivienda, la mejor decisión suele ser encontrar el punto más alto que permita estar cómodo, normalmente 25 o 26 ºC.

Una regla sencilla para acertar este verano

Empieza con el aire acondicionado a 26 ºC, protege la vivienda del sol y espera a que la temperatura se estabilice. Si persiste el calor, baja a 25 ºC; reserva los 24 ºC para situaciones de humedad elevada, exposición solar intensa o una estancia especialmente cargada.

La temperatura ideal no es la más baja que permite el mando, sino la que mantiene el confort durante horas sin disparar el consumo ni provocar frío directo. Con una consigna estable, humedad controlada y un equipo limpio, la mayoría de los hogares puede pasar el verano con una climatización más saludable y eficiente.

Preguntas frecuentes

Empieza con 26 ºC y baja a 25 o 24 ºC si la estancia sigue siendo incómoda. Para un uso general, 25-26 ºC suele equilibrar confort y consumo; con mucho calor o humedad, 24-25 ºC puede resultar más adecuado.

El termostato marca la temperatura objetivo, no la velocidad de enfriamiento. Seleccionar 18 ºC puede alargar el funcionamiento del compresor y aumentar el consumo, que puede crecer aproximadamente un 6-8 % por cada grado menos, según las condiciones de la vivienda y el equipo.

El modo dry puede ayudar cuando la humedad es elevada, especialmente en zonas costeras. El objetivo orientativo es mantener una humedad relativa del 45-60 %, pero este modo tiene una capacidad limitada para bajar la temperatura; si la estancia está realmente caliente, es preferible usar el modo frío.

En un dormitorio, 25-27 ºC suele ser suficiente, sobre todo con el ventilador a velocidad baja. El modo noche puede modificar gradualmente la potencia o la temperatura, aunque su funcionamiento depende del fabricante.

Cierra las persianas entre las 12 y las 18 horas, ventila de noche o a primera hora cuando el exterior sea más fresco y seco, limpia los filtros cada dos o cuatro semanas y mantén libre la unidad exterior. Un ventilador también puede mejorar la sensación térmica y permitir una consigna algo más alta.

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Gael Delrío

Gael Delrío

Me llamo Gael Delrío y tengo 6 años de experiencia en el ámbito de las energías renovables y la climatización eficiente. Desde muy joven, me he sentido atraído por la sostenibilidad y el impacto que nuestras decisiones energéticas tienen en el medio ambiente. Mi objetivo es ayudar a las personas a comprender cómo pueden adoptar prácticas más sostenibles en su vida diaria, así como a desmitificar conceptos técnicos que a menudo parecen complicados. En mis escritos, me enfoco en temas como la eficiencia energética, las tecnologías renovables y las tendencias del sector. Siempre me esfuerzo por ofrecer información útil, precisa y actualizada, verificando mis fuentes y organizando el contenido de manera clara. Creo que es fundamental simplificar los temas complejos para que sean accesibles a todos, y me apasiona compartir conocimientos que empoderen a los lectores a tomar decisiones informadas sobre su consumo energético.

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